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Tratamiento de radioterapia para cáncer de piel

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En nuestro centro médico especializado en tratamientos oncológicos, contamos con técnicas de radioterapia para cáncer de piel y otros tratamientos complementarios que pueden valorarse según cada caso. Nuestro equipo médico estudia las características del tumor, su localización, el tipo de lesión y el estado general del paciente para determinar cuál es el tratamiento más adecuado.

En esta página explicamos las principales opciones terapéuticas que pueden aplicarse en el cáncer de piel, así como los posibles efectos secundarios, los síntomas más habituales y las situaciones en las que puede estar indicada la radioterapia u otros tratamientos dirigidos a tumores como el carcinoma basocelular, el carcinoma escamoso o el melanoma, siempre según la valoración del especialista.

Tratamiento contra el cáncer de piel

Carcinoma basocelular

El carcinoma basocelular o carcinoma de células basales es uno de los tipos más frecuentes de cáncer de piel. Suele aparecer en zonas expuestas al sol, como la cara, la nariz, las orejas, el cuero cabelludo o el cuello. Habitualmente tiene un crecimiento lento y es poco frecuente que se propague a distancia, aunque debe tratarse correctamente para evitar que avance y afecte a tejidos cercanos.

Carcinoma de células escamosas

El carcinoma de células escamosas se origina en las células escamosas de la piel y también suele relacionarse con la exposición solar acumulada. Puede aparecer en zonas como la cara, los labios, las orejas, el cuello, los brazos, las manos o la espalda. Aunque en muchos casos puede tratarse con buenos resultados, requiere valoración médica porque algunos tumores pueden ser más agresivos según su tamaño, profundidad, localización o evolución.

Melanoma maligno

El melanoma maligno es menos frecuente que otros tipos de cáncer cutáneo, pero puede ser más agresivo. Cuando se detecta en fases iniciales, las posibilidades de tratamiento suelen ser mejores; sin embargo, si progresa y se extiende a otros órganos, como el hígado o los pulmones, su abordaje puede ser más complejo. Por este motivo, es importante consultar ante lunares o manchas que cambian de tamaño, forma, color, sangran o presentan bordes irregulares.

Queratosis actínica

Además de los tumores cutáneos, también pueden valorarse otras lesiones como la queratosis actínica, una alteración de la piel relacionada con el daño solar acumulado. Aunque no siempre evoluciona a cáncer, se considera una lesión precancerosa y conviene revisarla para decidir si necesita tratamiento o seguimiento dermatológico.

cáncer de piel

Sala de tratamiento de radioterapia con acelerador lineal, camilla médica y monitores en IMOR.

Radioterapia para el cáncer de piel

La radioterapia para el cáncer de piel se basa en dirigir radiación desde el exterior hacia el tumor cutáneo. En muchos casos se utiliza radioterapia externa para tumores localizados, una técnica que permite actuar sobre la zona afectada con una planificación precisa, intentando limitar la exposición de los tejidos sanos cercanos siempre que la localización y las características del tumor lo permiten.

Este tratamiento puede ser una opción en determinados casos de carcinoma basocelular, carcinoma escamoso u otros tumores cutáneos seleccionados, especialmente cuando la cirugía no es la alternativa más adecuada o cuando se busca preservar la función o la estética de una zona sensible. Para el paciente, la sesión suele ser similar a una radiografía: no es dolorosa, se realiza en pocos minutos y la dosis se planifica previamente mediante sistemas de planificación y dosimetría en tratamientos con radiación.

Como cualquier tratamiento oncológico, la radioterapia puede producir efectos secundarios. Los más habituales suelen limitarse a la zona tratada e incluir enrojecimiento, irritación cutánea, sequedad, descamación, caída de pelo en el área irradiada o cansancio. El equipo médico valora cada caso de forma individual para ajustar la dosis, proteger la piel sana próxima y realizar el seguimiento adecuado durante el tratamiento.

Otros tratamientos para el cáncer de piel

Además de la radioterapia, el tratamiento del cáncer de piel puede incluir otras opciones como la cirugía de Mohs, la quimioterapia o la terapia fotodinámica, según el tipo de tumor, su localización, profundidad, extensión y estado general del paciente.

En IMOR, el equipo médico de oncología radioterápica puede valorar si la radioterapia tiene un papel adecuado dentro del tratamiento o si debe combinarse con otras alternativas. Ante cualquier lesión cutánea que cambie de forma, color o tamaño, sangre, no cicatrice o genere sospecha de melanoma u otro tumor de piel, es recomendable solicitar una valoración médica.

¿Siempre es posible usar radioterapia para el cáncer de piel?

Puede ser más o menos aconsejable según cada caso. En ocasiones, se aplica radioterapia después de una cirugía de cáncer de piel para determinados tipos de melanoma. También puede indicarse radiación en la zona de los ganglios linfáticos si estos fueron extirpados debido al cáncer, con el objetivo de reducir el riesgo de recaída. Asimismo, es posible tratar con radioterapia melanomas recurrentes tras una cirugía, ya sea en la propia piel o en los ganglios linfáticos, como complemento al tratamiento principal para ayudar a controlar la enfermedad y evitar su propagación.

Respecto a este último punto, la radioterapia también puede utilizarse para el alivio de síntomas, especialmente en casos en los que un melanoma avanzado se ha extendido a los huesos o al cerebro. En estas situaciones, puede plantearse una terapia paliativa orientada a reducir molestias, controlar el tamaño del tumor durante el mayor tiempo posible y mejorar la calidad de vida del paciente.

Síntomas del cáncer de piel y señales de melanoma

Algunos cambios en la piel pueden requerir una valoración médica, especialmente si aparecen lesiones nuevas o si un lunar cambia de aspecto con el tiempo. Entre las señales que conviene vigilar se encuentran las protuberancias, llagas que no cicatrizan, manchas irregulares, marcas nuevas, cambios de color o alteraciones en lunares ya existentes. Estos signos no siempre indican un cáncer de piel, pero sí deben revisarse para descartar lesiones sospechosas.

Para identificar posibles signos de melanoma, suele utilizarse la regla ABCDE: asimetría en la forma del lunar, bordes irregulares, color no uniforme, diámetro superior a 6 milímetros o evolución en el tamaño, la forma o el color. Aun así, no todos los melanomas cumplen exactamente estos criterios, por lo que cualquier cambio persistente debe ser valorado por un especialista.

Si tiene una llaga que no cicatriza, un lunar que cambia de aspecto o cualquier lesión cutánea que le genere dudas, puede consultar con nuestro equipo médico. En IMOR podremos orientarle sobre las opciones de diagnóstico y tratamiento disponibles a través de la página de contacto del centro oncológico en Barcelona.